José Manuel Toirán no es un artista al uso.

Aquel hijo de cartero en Sarria, Lugo (Galicia), que de niño hacía esculturas con plastilina y, ya adolescente, asume su propia creatividad en la escuela de mosaicos del Padre San Millán, ni siquiera se encuentra cómodo en la definición clásica del artista. Se declara autodidacta y universal en las influencias, crisol de experiencias vitales que acumula desde los estudios de delineación a la práctica empresarial en el mundo de la construcción, pasando por la gestión inmobiliaria y el contacto con mundos periféricos y culturas de frontera en Cuba, Argelia, Marruecos, Senegal o Guinea Bisau.

José Manuel Toirán

Toirán es un enamorado del diseño -su profesión durante más de un cuarto de siglo-, de la pureza de lineas y de los entreverados contornos del mundo. Un gustoso monje de la estética y de la ética de los sentidos pero, ante todo, un naturalista. Un alquimista de bosques y fragas capaz de convertir cadáveres de árboles en esculturas únicas e irrepetibles. Muertos que resucitan, vida que emerge. Madera que pervive manteniendo su esencia mientras se proyecta al futuro transmutada. Toirán es la Santa Compaña de las almas perdidas; el maestro de ceremonias en el bosque profundo de la memoria colectiva, a la caza y captura de inquietantes resurrecciones.

La obra de José Manuel Toirán es un homenaje perpetuo a la Naturaleza. De el ha dicho Antonio Moneo que:

Pocas veces te encuentras en la vida con un poeta que escribe sus poemas en los troncos secos de árboles que cerraron su ciclo de vida.

Toirán salva del olvido a robles, arces, castaños y abedules naufragados en la espesura de los bosques gallegos para darles nueva luz. Para transformarlos sin cambiarlos. Para extraer con la imaginación y las manos -muy pocas herramientas en el proceso- nuevas formas, texturas escondidas, olores atávicos y hasta colores primarios en comunión con la tierra y el entorno.

Toirán se expresa con preferencia, aunque no en exclusiva, con la madera como material noble sobre todas las cosas. Nunca dos de sus piezas son iguales, ninguna nace en serie o en cadena; todas son irrepetibles. Todas tienen un pasado y ganan un presente. El artista profundiza en el imaginario colectivo partiendo de la psique propia, del talento y del gusto. Nada es aleatorio en la ejecución ni en el resultado. Todo responde a un programa mental con estaciones de partida y llegada en la Naturaleza como el gran camino de la vida. La Naturaleza y el Arte en mayúsculas: este último como instrumento vital, arma de humanidad masiva y herramienta para mejorar la vida de la gente. Arte humano/Arte Urbano al que invita el autor:

Imaginen como fue el pasado de cada árbol; deduzcan con los sentidos cual es el presente de cada escultura. Dialoguen con la madera como si lo hicieran con uno mismo, Les invito a mi viaje personal.José Manuel Toirán